LA ETICA Y EL SENTIDO DE LA VIDA
Eduardo Marapacuto
“Nosotros vivimos y no sabemos para
qué sirve nuestra vida. Morimos y no sabemos a dónde nos conduce nuestra
muerte”. (Ernest Bloch, El espíritu de la utopía). De verdad, a veces pareciera
que ni la vida ni la muerte tienen sentido, si ambas dimensiones las vemos
desde el vacío de la nada. Aclaramos que no escribimos estas palabras desde la
nostalgia ni tampoco desde los altares tormentosos de los pensamientos, esos
que nos elevan la existencia hasta el infinito resplandeciente o nos conducen hacia los laberintos
intrincados de la existencia oscura y sin sentido.
Y de verdad,
cuántas personas andarán por allí caminando de prisa o tal vez lentamente,
pensando en que están vivas cuando en realidad están muertas en el alma.
También por allí, en los rincones del palpitar, encontrarás personas que tal
vez piensan que están muertas cuando en realidad están más vivas que nunca,
palpitando en la verdad del ser.
La esperanza
de vida tiene que mirar más allá de las rendijas de la muerte, porque no tiene
sentido vivir una vida intensa, pero fuera del radar de la ética y perfumada con el
estiércol de la perversidad, de la zancadilla, del rencor, de la inmundicia, de
la viveza y la falta de solidaridad. Pero como dirían los poetas, no todo está
perdido, porque en este mundo de hoy, en esta sociedad de hoy, todavía hay
personas, hay amigas y amigos, con el sentido de la amistad y la disposición de
la solidaridad real; familiares, compañeros de trabajo con grandes ideales por
los cuales vale la pena luchar para vivir o para morir con la fe sublime hasta
donde nos alcance la fuerza y el aliento.
Ahora bien,
mueren los grandes hombres y mujeres y por allí quedan sus legados que sirven
para darle historia, vida y respirar a los pueblos, a las naciones libres y
soberanas, y ese es el
sentido de la existencia. Y Nosotros –los venezolanos- somos hijos de esos
legados que nos dieron la libertad en el Siglo XIX y nos despertaron la consciencia
a fines del Siglo XX.
Hoy, en esta segunda zancada del Siglo
XXI andamos con ganas de vivir la patria, conscientes del reto que nos
reclama la historia que no es otro que defender nuestra dignidad como
pueblo. ¿De qué vale vivir en este suelo sagrado si no estamos dispuestos
a defenderlo para bien?
Hay
que darle un vuelco a todo y establecer una estrategia ética de la vida. De
verdad, hay que desamarrar los nudos que nos atan para tener bien claro el
sentido de la vida ética, la amistad, la solidaridad, de la familiaridad y
de la convivencia con todas las personas que están allí,
donde quiera que nosotros estemos o vayamos. A veces resulta que nos cuesta o
no tenemos bien claro el sentido de la ética, de la solidaridad, de la amistad y mis amigos y amigas son, en
los términos de la exageración, cada 100 años cuando los vemos.
Hay casos en que no
consolidamos amistad ni con la familia, ni mucho menos con particulares. La
amistad y el contacto tienen que ser de todos los días. Normalmente nos movemos
en ese mundo de la vileza, de la celada, del resentimiento, de la inmundicia,
de la ligereza y la falta de solidaridad. Esto último es la muerte, porque
quien así actúa no vive sino que cree que vive. Todo lo criticamos, todo lo
cuestionamos y casi nunca aprobamos nada; eso no es nada ético. Inclusive,
hasta en nuestras familias tiramos lazos
enredados para que todos anden amarrados a nuestros designios.
*Politólogo,
MSc. en Ciencias Políticas.
eduardojm51@gmail.com
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