Por: Rubén Rivas
Caminando por los pasillos del Aeropuerto Internacional “SIMÓN BOLÍVAR” en Maiquetía, encontré a un buen amigo de infancia con toda una pinta estrafalaria. Venía del norte cargado de suvenires de Orlando made in China. Como su esposa venía en otro vuelo – la línea aérea del norte había, al parecer, sobrevendido pasajes, pero como ello sucedió en el Aeropuerto en Miami y una despampanante rubia le pidió las disculpas de rigor y envió a su mujer en otro vuelo, lo terminó considerando como una anécdota más que contar a sus amigos; es decir, no le molestó en absoluto el incidente.
Esta eventualidad sirvió para que dos viejos amigos compartiéramos recuerdos de infancia y de juventud liceísta de los 60, cuando nos lanzábamos a las calles de Mérida como pequeños quijoticos a pelear por las causas más nobles. En medio de la amena conversación me lanzó sin previo aviso la siguiente pregunta ¿No te parece amigo Rubén que en verdad nosotros somos unos bárbaros? Y a continuación argumenta: “Vengo de visitar Miami y Orlando, aquello es impecable… ni un papelito en el piso; paseamos sus autopistas y Malls maravillosos. Un orden absoluto. Nada de gritos y todo limpiecito”. Nada, me dije, éste amigo mío se lo llevó quien lo trajo, ¡¿Qué se puede hacer?!

