El enemigo sabemos quién es, cuáles son sus antecedentes, cuáles pasos acostumbra a dar, cómo actúa, quiénes son sus aliados, y cuáles son sus intereses, puesto que tiene una cara visible. Sin embargo hay un enemigo que pudiese ser letal para nuestro proceso y debemos combatirlo cuánto antes; el enemigo endógeno, aquel que usa nuestros símbolos, pero actúa en base a sus intereses particulares, por lo que generalmente termina siendo un corrupto que se lucra del erario popular, mediante prácticas antiéticas e inmorales. Decía Mao Tse Tung que el peor enemigo de la revolución, es el burgués que muchos revolucionarios llevan dentro. Es por ello que debemos identificarlos y neutralizarlos desde ya, pues se pueden masificar y el daño sería irreversible.
Los enemigos endógenos, realizan prácticas antiéticas en nombre de la Revolución, conciben el chavismo como un club de amigos que busca soluciones esporádicas a problemas estructurales. Andan de esquina en esquina, en busca de su cuota de poder en base al engaño y la mentira. Estos oportunistas, tienen como característica innata la tarima, el micrófono y la foto, y su discurso está basado en consignas, sin un ápice de formación política y mucho menos profundidad ideológica. Escucharlos hablar más de dos minutos produce otitis, y verlos como mueven la mano de arriba a abajo mientras levantan el tono de voz para que los aplaudan, es sencillamente despreciable. Es común verlos maquillándose de pueblo, queriendo simpatizar con todos para ganar popularidad. No se pelan un micrófono, divagando entre palabras aprendidas al caletre y discursos leídos elaborados por otros. La tarima es un lugar sagrado para ellos, allí es cuando se encuentran en sus mejores momentos, haciendo su triste papel de alentadores efímeros de masas, mas no de conciencias. Acuden a todo evento que se realice, pero no para dar aportes productivos, ni aprender de los saberes populares, sino a tomarse la foto hasta con las pancartas y publicarla hasta en los avisos del periódico (valga el sarcasmo). Su ego, falsamente disfrasado de humildad, es más grande que el Monte Everest, pues se creen grandes letrados, politólogos, y les parece ofensivo aprender de otra persona aún cuando demuestren lo contrario (¡Que horror!), y su imagen de presentación en todas las redes sociales, son de ellos mismos con un micrófono en la mano, o en la tarima de una concentración popular. Se creen hijos predilectos y dueños absolutos del legado del Comandante Chávez, se cegan ante cualquier autocrítica, y señalan de "contrarevolucionario" a aquellos que no simpatizan con sus prácticas adulantes. Necesitan de manera vital estar identificados en todo momento, nunca falta una camisa y una gorra roja, y utilizan para sus propios intereses los nombres de organizaciones políticas de izquierda para autoproclamarse "líderes". No puede faltar la jaladera de mecate constante y altisonante a los que ellos mismos llaman "jefes inmediatos" para que los tomen en cuenta a la hora de "una ayudaita" para ganar su propia cuota de poder. Al fin y al cabo, eso es lo que mas les interesa, y cuando finalmente "están montados" se les olvida muy fácilmente de donde vienen.
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