Luis Alexander Pino Araque - www.aporrea.org
El
capitalismo es -grosso
modo-
la doctrina económico-política, de acumulación originaria de
riqueza, es decir, del capital, por una minoría conocida como
burguesía, gracias al control de los medios y modos de producción
que esta clase o minoría posee, lo que le permite que la riqueza
generada, es decir, la ganancia, se la apropien, mediante la
explotación de la clase de trabajadora, que vende su fuerza de
trabajo a bajo costo y no es beneficiaria de la plusvalía o
ganancia.
Para
controlar los medios de producción, esta clase social, la burguesía,
se ha apropiado originaria e históricamente, de los medios de
producción, por la fuerza, es decir, los primeros burgueses y la
nueva burguesía, han asesinado, robado, estafado y usurpado,
propiedades, tierras, minerales, bienes, riquezas, capitales,
fábricas y todo cuanto represente la infraestructura para explotar
la materia. Esto de lo que se han apropiado, luego se ha convertido
en herencia, que es la mejor legitimadora de capitales, que con el
paso del tiempo, de un bisabuelo, abuelo o padre ladrón y usurpador,
su heredero es un noble señor, con una herencia mal-habida. Dicho en
otros términos: nadie nace con riqueza y abundancia desigual
respecto de sus congéneres, sin que haya sido usurpada por sus padres
y/o antepasados.
Pero
esta acumulación originaria de riqueza y control de los medios de
producción en pocas manos, no es posible, en un estado nacional o
república, si no existe un marco legal que la legalice y legitime.
Para ello, quien tiene el poder económico, quien ha controlado los
medios de producción por la acumulación originaria de riqueza, ha
creado su propia legalidad, que conocemos como "modos
de producción",
a través de leyes que le legitimen tal estado de cosas, lo que
conforma toda una institucionalidad, al servicio del Estado
burgués,
es decir, de quienes en realidad son el verdadero poder en un estado
capitalista, por encima del poder funcionarial, de un presidente, un
diputado, un gobernador, un alcalde y, en general, de todos los
supuestos poderes, como el ejecutivo, legislativo y judicial, que
dependen de la principal determinación (es decir, de la macro-estructura), la económica.
Lo
antes expuesto, no es más que una sucinta relación general, que
está profunda y ampliamente, expuesta por Karl Marx, en su obra
fundamental, El
Capital,
publicada en 1867, quien en su crítica de la economía política,
define y describe exactamente el capital, cómo opera y cómo se muta
o re-acomoda, lo que hace que hoy, esta magna obra mantenga su
vigencia y, paradójicamente, sea el libro de cabecera de los
apologistas del capitalismo, de sus formas y re-acomodos, como el
neoliberalismo.
Y
frente al capitalismo, tanto Marx, como Vladimir Ilich Lenin, nos han
planteado el cambio en las relaciones de producción, es decir, en la
relación existente entre los medios y sus modos. Para ello,
indefectiblemente, hay que cambiar el Estado burgués, que derivó
del mercantilismo que era la expresión económica avanzada de la
monarquía, hasta que fue sustituida por el Estado burgués en un re-acomodo, que quitó cabeza de reyes y reinas, para preservar los
intereses de los de sus clase, es decir, de quienes fueron artífices
de esa acumulación originaria de riqueza. Si en la monarquía la
clase explotada era conocida como los esclavos, siervos y vasallos,
sus descendientes, igual de pobres, son los que engrosaron la clase
trabajadora, igualmente explotada. Se dice explotada porque quien
transforma la materia, quien trabaja y quien genera la riqueza es ese
grueso de la población. Por tanto, son el verdadero y único sector
productivo. Pero, la plusvalía o ganancia, va a manos de la minoría,
la burguesía, razón por la cual, el mejor calificativo de esta
clase, sin ánimos de insultar u ofender, es el de parasitario.
He
allí, pues, lo que es el capitalismo, que proviene del mercantilismo
del siglo XVI y XVII, extendido hasta mediados del XVIII, hasta que
con la caída de las monarquías y surgimientos de estados
nacionales, se consolidó la nueva doctrina político-económica, en
la que lo económico priva sobre el resto de las demás
determinaciones, conocida como el capitalismo. Y, con éste, surge su
corpus doctrinario, su ideología y su legalidad. Para ello, en el
siglo XII y XIII, surgen las primeras universidades medievales,
venidas de un proceso de oscurantismo, desde los monasterios, pasando
por las academias secularizadas, en las que se forma y rehace la
burguesía, regentada por la iglesia católica, en la que se
enseñaban, fundamentalmente, las artes liberales del trívium
(gramática, retórica y dialéctica) y el quadrivium (artimética,
geometría, astronomía y música), a las que luego agregaron
Teología, Derecho y Medicina, basados en la concepción católica y
aristotélica del mundo y del hombre.
Estas
universidades, que sirvieron de soporte ideológico y palanca del
desarrollo capitalista, se fortalecieron en la secularización de los
estados nacionales y de la consolidación del capitalismo, por cuanto
mantuvieron su estructura organizativa, sus miembros del claustro y
sus nociones del "élite" expresadas en sus profesores, que
iluminaban o formaban a lo que antes llamaban "alumnos"
(sin luces), que después devinieron en "estudiantes",
también concebidos como una élite, solo en cuanto pilar fundamental
de los modos de producción del capitalismo. Nada más y sin
igualarse a esos profesores de intención medieval, al servicio del
capitalismo, que es lo mismo que decir, del Estado burgués, razón
por la cual, las universidades que llaman "tradicionales",
no son más que reproductoras y formadoras de fuerza de trabajo al
servicio del Estado burgués.
He
allí, las razones por la cuales, muchos de esos "Illuminati"
de hoy, en la Venezuela contemporánea y actual, creyéndose
herederos de los de la Baviera de 1776, nisiquiera saben lo que
significa afirmar que "la universidad está al servicio del
Estado burgués", porque la ignorancia también se aprende.
Estos Illuminati aún están anclados en los anacrónicos conceptos
de saber, sabiduría, ciencia y verdad, retorcidos ahora, con poses
postmodernas que juntan fetichismo con ciencia, reelaboradas en las
posturas (como condición) e imposturas postmodernas (como poses de
moda), afirman a pie juntillas, de manera absoluta y absolutista, que
"la universidad no es democrática", con tanta certeza
científica, como la verdad de fe, de que el dios de los católicos
es "uno y trino", es decir, que "padre, hijo y
espíritu santo, son un solo dios".
Estos
defensores de la universidad al servicio del Estado burgués, como se
creen "élite",
pues siempre fueron ellos solos, consideran que solo existe
"comunidad académica" y si existiera "comunidad
universitaria", pues seguirían siendo ellos solos, por cuanto
para ellos, el resto de los miembros, obreros, egresados, estudiantes
y empleados, son accesorios, porque la alta "episteme"
solo le es dada, como otra verdad de fe, a esa élite esclarecida.
Por
otra parte, en estas universidades, concebidas a la manera medieval,
de manera vertical, como estandartes de ese estado de orden, la
formación de sus estudiantes, preferiblemente, de sus alumnos,
consiste en formar los profesionales que sirvan a este "orden
natural de las cosas", según ellos, pues no reconocen otra
forma que la del capitalismo y por tanto al servicio del Estado
burgués, lo que justifica que los profesionales formados, han de
ser, para mediar en esas relaciones de producción prestablecidas, es
decir, para garantizar que la rueda del capitalismo gire normalmente
y que los trabajadores en general, se esfuercen y pongan su fuerza de
trabajo, que genere la mayor t tasa ganancia posible, que termina en
manos de esa clase dominante, la burguesía.
Es
por esto, entre otras razones, que hoy vemos países con un alto
crecimiento económico, pero con una muy superior clase social de
pobres, por cuanto han vendido su fuerza de trabajo al más bajo
costo y la explotación se ha refinado aún más, gracias a esos
profesionales preparados en este tipo de universidades y puestos al
servicio del Estado burgués. Pero, esto que se afirma en este
escrito, ni se enseña, mucho menos, se explica y menos aún, se
permite reflexionar en este tipo de universidades, porque es como
cuando se imponía el ritual de la misa en latín en todas partes del
mundo, porque se consideraba que mantener un velo de ignorancia y
misterio en cuanto al significado de las palabras en latín,
preservaba el legado y el control social del la iglesia católica en
su feligresía sumida en la ignorancia y el terror. Aún hoy, en
Venezuela priva el terrorismo de la ignorancia institucionalizada en
estas universidades como verdad absoluta, verdad de fe
incuestionable, razón por la cual, para
ellos, la burguesía y sus serviles universitarios, "la
universidad no es democrática".
Y
contra la libertad que nos ofrece la "democracia
universitaria",
los vasallos de la ignorancia aprendida y los apologistas del
capitalismo, se retuercen en sus miserias con fruición, hasta que de
sus entrañas, surgen
consejas, como expresión estética del capitalismo ramplón criollo,
de que "la
universidad es meritocrática",
como remedo de la llamada "meritocracia" a la que apelaban
los golpistas del año 2002, que pretendían preservar y restaurar
el status
quo de
la vieja empresa petrolera PDVSA,
coreado por un grupo nefasto conocido como "La gente del
petróleo".
También,
hay otros más refinados en sus poses, que increpan a quienes
forzamos por la democratización de la universidad venezolana y nos
atrevemos a decir que la misma ha de estar al servicio del Estado
Comunal.
Ellos nos retan a que les digamos –pero, sin escucharnos- en cuál
país del mundo existe un tipo de universidad democrática, en cuáles
fuentes bibliográficas nos basamos y si nuestros autores
consultados, cual péiper de
veinte cuartillas del indizados o indexados, forman parte o no del
canon académico. Imagínense, arguyen sus intelectuales inorgánicos,
semejante osadía, eso de que un obrero, un empleado, un estudiante,
elija al "rector", con el "Voto
Paritario",
como que si estuviésemos eligiendo al presidente de la República.
Es decir, que en nuestro pedestrismo no sabemos cuán iluminado es un
rector, cuán su sublime y excelsa es su figura, como para que un
pataenelsuelo, en un mondongo electoral, elija a tan sacrosanta
efigie y luz del saber y de la ciencia. Ellos se sienten ofendidos,
que tanto marginal pretenda poner y rebajar a tan bajo nivel, a tan
elevada autoridad universitaria, al punto de homologarla con la de un
mortal presidente de la República. Lo mejor es no responderles,
porque no quieren escuchar y porque cualquier respuesta sensata,
sería muy profunda para ellos. Solo conviene aclarar y hablar a los
gentiles, a las personas de buena voluntad, porque la malicia de esos
fariseos, los tiene presa la inteligencia.
En
quince años de revolución, con una Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV:
1999), que en su artículo 2 dice que somos un Estado social de
Derecho y de Justicia, muchos no han logrado entender, que frente al
capitalismo, estamos forjando por una alternativa, la del Estado
socialista, el Estado Comunal, en que estamos transitando un proceso
de cambios en las relaciones de producción, para desmontar el viejo
Estado burgués. Y
para desmontarlo, hay que liquidar la vieja y medieval universidad al
servicio del Estado burgués.
Eso lo lograremos, sin copiar y sin imitar ningún modelo, porque no
hay receta alguna. Esto lo estamos empezando a lograr con nuestra
nueva legalidad no burguesa, sin copias y autónoma, como diría José
Martí, con aquella frase que parafraseamos, la de que el vino de
plátano es amargo, pero es nuestro vino; con una universidad del
Pueblo y para el Pueblo, como lo decía convencido el médico Ernesto
Guevara de la Serna y con profesionales del Pueblo y al servicio del
Pueblo, no para hacerse millonarios sino para servir, como predicaba
ejemplarmente, en la praxis de palabras y obras, Salvador Allende, el
presidente chileno, asesinado por la derecha fascista restauradora
del capitalismo chileno. También, hemos de saber que los profesores
universitarios, como académicos, no dejarán de ser tales, si se
comportan como verdaderos "intelectuales orgánicos", como
lo expresaba Antonio Gramsci. El que haya democracia universitaria,
no afecta en nada la producción intelectual. Todo lo contrario, abre
las compuertas a la libertad, la creación, la búsqueda genuina del
saber y la verdad, desde el Pueblo y para el Pueblo. Contra la
universidad puesta al servicio del Estado burgués, vamos con el voto
paritario y con éste empezamos a transitar la nueva universidad, la
democrática, al servicio del Estado Comunal.